Co-ciencia

Co-ciencia

Nos encontramos en el ecuador del Programa Marco de Investigación e Innovación Horizonte 2020 (2014-2020). Este instrumento, en cierta forma, determina lo excelente que es un país en cuanto a su capacidad para generar ciencia con fondos de procedencia pública. Hay una cierta reducción simplista, por parte de la administración, que tiende a asociar la capacidad de obtener retorno económico con la capacidad de generar conocimiento y por lo tanto crecimiento económico, generando un círculo vicioso lleno de trampas.

Por ejemplo, los datos presentados recientemente por el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) dicen que los resultados del programa son magníficos porque las entidades españolas que han participado en el programa H2020 han obtenido 1.563,7 millones de euros. Euros que traducen en un 10% del total de la UE-28 y que hace que España esté en la cuarta posición.

En el último informe presentado por la Fundación Cotec para la Innovación 2016 podemos leer, en su resumen ejecutivo, lo siguiente: a) que el gasto el I+D ejecutado en España en el 2014 presenta una caída del 1.5% respecto al anterior año y b) que mientras en España hay un reducción continuada del gasto en I+D, los países que apuestan por esto de forma convencida (Alemania, Francia, Italia y el Reino Unido) han decidido aumentarlo de una forma evidente y decidida.

Está claro que el exitoso retorno obtenido en el programa H2020 no justifica que se reduzca el esfuerzo inversor en I+D. Por mucho que nos digan los políticos, la brecha se sigue haciendo cada vez más grande, y eso que la financiación privada ha aumentado de forma significativa. Tenemos en España unos 320.000 empleos dedicados a tareas relacionadas con la investigación. No es mucho, no nos engañemos. Por ejemplo, el sector turístico y su conjunto generan en torno al 16-18% de todo el empleo nacional, es decir unos 3 millones de trabajadores. La masa laboral investigadora, por tanto, está en un 1.8%. Algo así como 6.8 empleos por cada 1.000 habitantes, si no me equivoco.

Insuficiente para cambiar la dinámica

No sé si es mucho o poco. Dependo de lo que se quiera que seamos. De lo que estoy convencido es que es insuficiente para cambiar la dinámica de un país que, eso nos dicen, quiere ser líder y referente. Como ejemplo, la media europea está en 8. Y hay muchos países de los 28 en los que este esfuerzo es realmente bajo. ¿Nos fijamos en los que están por arriba? Probablemente no interesa, ya vale con ser los cuartos en cuanto a retorno.

La Real Academia Española define conciencia (Del lat. conscientĭa, y este calco del gr. συνείδησις) como la propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta. También podemos encontrar en la RAE el término consciencia (Del lat. conscientĭa) que aunque en una primera llamada nos lo vincula con la primera, lo define a su vez como conocimiento inmediato que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones.

Concienciar es hacer que alguien sea consciente de algo y/o adquirir conciencia de algo. Bien sea el espíritu humano el que entra en juego, bien sea el sujeto, no entro a valorar las diferencias filosóficas de esta diferenciación, lo que es cierto es que ambas confluyen en la capacidad que tiene un ser humano de ser capaz de resolver problemas, complejos en la mayoría de los casos, que requieren de un análisis profundo de las causas y una revisión detallada de las conclusiones, es decir capacidad de aprender.

La mayoría de las personas que están decidiendo sobre la ciencia no tienen ninguna de las dos anteriores, ni la propiedad de reconocerse, ni la del conocimiento inmediato. Por supuesto, de aprender, ni hablamos. La palabra “co-ciencia” no está registrada en el diccionario; seguramente ese es el motivo por el que no forma parte del vocabulario de determinadas personas.

Dejemos hacer a los científicos lo que saben hacer

Para ayudarles a solucionar este problema propongo la fusión (tan de moda en la cocina) de ambas definiciones para reformular Co-ciencia; es decir, dejemos hacer a los científicos lo que saben hacer, donde sea, pero con los medios necesarios y sobre todo con la capacidad de proyectar el conocimiento inmediato en el futuro, tener capacidad creativa y contribuir en la resolución de problemas y así generar conciencia colectiva. Porque la ciencia es un atributo esencial, tanto como… ¿Tantos inconscientes hay?

Cierto, los hay, pero no sólo están ahí fuera, también entre nosotros. Debemos afrontar un nuevo reto social que es el de hacer partícipe a la ciudadanía de la realidad de lo que hay detrás de los números. Es muy probable que nos ayuden a entender por qué vamos tan mal encaminados.

Cristóbal Aguilera
Innovation Manager
Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA)

jose a plaza
japlazajaplaza@gmail.com