Historias acuícolas. La acuicultura desde dentro.

Historias acuícolas. La acuicultura desde dentro.

Un ternero requiere 15.000 litros de agua y el equivalente a ocho kilos de alimento por cada kilo de incremento de peso. Un salmón cultivado requiere, por cada kilo producido, unos 1.500 litros de agua dulce y 1,2 kilos de alimento. Seguimos consumiendo más del doble de carne que de productos acuáticos pero no va a ser así por mucho tiempo.

Según los datos del informe FAO “El estado mundial de la pesca y la acuicultura, 2016”, la producción mundial acuática es de unos 196 millones de toneladas. Esta producción ha crecido de forma sostenida a una media del 3% en las últimas décadas, ritmo considerablemente superior al del crecimiento de la población mundial que está en torno al 1,6%.

El consumo per cápita mundial de productos acuáticos se ha doblado en medio siglo. Hoy en día este consumo se aproxima a los 20 kg por año. La proteína procedente de los productos acuáticos es una de las principales fuentes de alimentación, llegando a suponer casi el 20% de la proteína consumida a nivel mundial.

Los productos acuáticos son fuente de vida para algo más del 10% de la población mundial y en el 2050, cuando se prevé que alcancemos los 9.700 millones de habitantes, es más que probable que el porcentaje sea superior. La biotecnología tiene mucho que decir.

El principal avance científico y tecnológico que ha posibilitado esta contribución de forma incremental en los últimos 50 años se llama acuicultura. La producción mundial de acuicultura superó en el 2014 a la pesca, llegando a representar el 52% del total. Algo más de 100 millones de toneladas.

La pesca, aun y con todas la mejoras tecnológicas que han posibilitado un incremento del esfuerzo pesquero, lleva estancada desde finales de los 80 en las 90-95 millones de toneladas. La demanda de productos acuáticos seguirá creciendo, al menos de una forma similar al crecimiento de la población humana, pero este aporte no procederá de la pesca sino de la acuicultura.

La acuicultura es, en esencia, lo mismo que venimos haciendo durante siglos en tierra firme con la agricultura y la ganadería. Lo que sucede es que la producción requiere hacerse en el agua, continental o marina, y afecta tantos a animales como a plantas. Como sucede con la ganadería y la agricultura, el principal factor que la diferencia de la pesca, es el hecho de que en parte del proceso o en su totalidad lo que se produce tiene un propietario.

Esta actividad pecuaria no es que sea nueva, ya hace más de 4.000 años que viene produciéndose, pero es evidente que ha sido en estos últimos 50 años cuando se ha consolidado y llegado a ser, lo que es ahora, la evolución natural de la pesca.

Cuando nos acercamos a la pescadería, al puesto del mercado o al de una gran superficie, podemos encontrar con facilidad una considerable variedad de langostinos, ostras, almejas, mejillones, salmón, trucha, dorada, lubina, rodaballo, corvina y lenguado y si estamos en un país asiático, casi con total seguridad, diversos tipos de algas, carpa, perca, tilapia, bagre y panga. Y así hasta cerca de unas 800 especies. Todas ellas tienen algo en común, el hecho de haber sido producidas de forma controlada mediante esta técnica productiva que conocemos como acuicultura.

El proceso de innovación asociado a esta técnica productiva y las mejoras que se han ido produciendo no han sido nada fáciles. La inversión de fondos públicos y privados ha sido cuantiosa en los últimos años. Se han utilizado para conseguir entender la fisiología y el comportamiento de las diferentes especies, los procesos de domesticación y la reproducción, el cultivo larvario y el engorde. Ha sido necesario entender el ambiente acuático y aprender a controlarlo, gestionar la sanidad y la nutrición, entender los procesos asociados al bienestar de los animales y superar, una y otra vez, las diversas crisis asociadas a un sector joven y con falta de madurez y una percepción pública no del todo satisfactoria.

La sociedad no sabe que, para que la acuicultura sea una actividad eficiente y sostenible, detrás existen empresas especializadas en la construcción de instalaciones y jaulas, barcos y unidades de apoyo a los acuicultores, productores de alimento, valedores de la salud de los animales mediante la fabricación de vacunas y complementos nutricionales que mejoran las dietas. Hay servicios especializados de expertos veterinarios y consultores, analistas, expertos en software de producción y gestión. Y una industria (académica) del conocimiento muy potente, mermada en los últimos años por la situación de crisis y abandono que se hace de la innovación, pero potente en definitiva. Tanto como para no abandonarla.

Vale la pena contextualizar lo que representa la acuicultura en Europa: 190.000 puestos de trabajo directos e indirectos, 7 billones de € de valor de producción, algo más de 1.9 millones de toneladas de peces marinos y continentales, 650.000 toneladas de moluscos y 2.7 millones de toneladas de pienso. Esto es una actividad demasiado seria e importante como para no prestar atención y que nos lleva a formular la siguiente reflexión: ya no es posible prescindir de lo que la acuicultura aporta y lo que es más importante no es posible prescindir de lo que la acuicultura debe aportar y aportará.

En los últimos 50 años se han escrito innumerables artículos científicos y técnicos, manuales de gestión productiva, de ingeniería, de sanidad y salud. Análisis de mercado y proyecciones estratégicas. Estudios de impacto económico, social y medioambiental. Alguna que otra película, y por supuesto, artículos de prensa, programas de televisión y radio.

Pero faltaba algo. Faltaba explicar sin miedo, de forma llana y directa, con cierta ironía y retranca humorística, lo que es la acuicultura a un público global. Tal y como se lo explicaríamos a nuestra madre, tal y como lo explica mi madre. Nos da miedo la tecnología que no entendemos y parece, por lo que nos llega de las encuestas realizadas, que la biotecnología todavía mucho más. La acuicultura es una actividad eminentemente biotecnológica, por lo que el libro Historias Acuícolas puede hacer las veces de manual de supervivencia para los profesionales de la acuicultura, una hoja de ruta que contiene las herramientas esenciales para acercar esta disciplina a la sociedad.

Pero claro, está lleno de pasión acuícola, la que tenemos todas las personas que nos dedicamos a esta profesión, la Acuicultura. De esto va Historias Acuícolas.

Cristóbal Aguilera
Biólogo especializado en Zoología
Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA)

jose a plaza
japlazajaplaza@gmail.com